sábado, 5 de enero de 2013

Ciclo de la violencia

La decisión de dejar o no una relación de maltrato está relacionada con diversos factores, entre los cuales están los siguientes:
Ø  Las características del maltrato: cuanto más se alarga y más grave es el maltrato menos probabilidades hay de dejar la relación, además de la presencia del miedo, la dependencia, la culpabilidad, la baja autoestima, lo cual hace más difícil abandonarla.

Ø  Los recursos materiales y sociales disponibles: la dependencia económica, la falta de redes sociales, etc.., favorecen la continuidad de la relación y hace más difícil que la víctima abandone al agresor.

Ø  Antecedentes de maltrato en la familia de origen: la exposición a la violencia en la familia de origen de la víctima podría hacer que los niños aprendan a convivir con ella y considerarla un hecho normal y repetir los patrones de conducta observados.

Ø  Las actitudes de las mujeres: la presencia de actitudes y creencias tradicionales sobre el rol femenino hacen a las mujeres más vulnerables a estas situaciones, ya que, pueden llegar a pensar que es normal este comportamiento en las relaciones de pareja.

Ø  La capacidad de asumir la finalización de una relación: cuando la víctima abandona una relación abusiva, la mujer vuelve a asumir el control de su vida y recupera su autoestima, pero también tiene que reconocer el fracaso en la elección de una pareja y esto puede menoscabar su autoconfianza.

Ø  El miedo: cuando las mujeres deciden finalizar una relación de violencia muchas veces entran en la parte más peligrosa de su vida, ya que, en el momento en el que los agresores pueden negarse a perder el control de la situación y empezar a acosarla, realizar conductas de intimidación e, incluso, intentar matarla.
Por otra parte, Leonor Walker (1978) explicaría a través de su TEORÍA DEL CICLO DE LA VIOLENCIA el motivo por el cuál la víctima mantiene la relación con el agresor, describiendo la dinámica que se establece en la relación.
Según su teoría este ciclo comprende tres fases:
Acumulación de la tensión: La tensión es el aumento de los conflictos en la pareja. El agresor se vuelve más susceptible, responde con más agresividad y hostilidad (aunque no lo demuestra con violencia física) y encuentra motivos de conflictos en cada situación. La víctima trata de calmar la situación y evita hacer aquello que cree que disgusta a su pareja (pensando que podrá evitar la futura agresión). La tensión va aumentando y la irritabilidad del agresor también sin motivo comprensible para la víctima. Esta fase se puede dilatar durante varios años.
Explosión de la violencia: Es el resultado de la tensión acumulada en la primera fase. Se pierde toda forma de comunicación y entendimiento, y la violencia, finalmente, explota dando lugar a la agresión. Aparecen las agresiones verbales, psicológicas, físicas, etc. Es, en esta fase, cuando se suelen denunciar las agresiones o cuando se solicita ayuda (al producirse en la víctima lo que se conoce como “crisis emergente”).
“Luna de miel” o arrepentimiento: La tensión y la violencia desaparecen; el agresor se muestra arrepentido por lo que ha hecho, pide disculpas a la víctima y la colma de promesas de cambio. Se le denomina “Luna de miel” porque el agresor vuelve a ser cariñoso y amable como al principio de la relación. A menudo, la víctima le concede otra oportunidad creyendo firmemente en sus promesas. Esta fase dificulta que la víctima ponga fin a esa relación porque, incluso sabiendo que las agresiones pueden repetirse, en este momento ve la “mejor cara” de su agresor y alimenta la esperanza de que podrá hacerle cambiar.
A través de este video de la película "Te doy mis ojos" podemos observar de forma clara el comportamiento del agresor durante estas fases.

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