sábado, 5 de enero de 2013

Consecuencias psicológicas del maltrato

El maltrato tiene consecuencias principalmente psicológicas pero también físicas entre las mujeres
que lo padecen o lo han padecido.

A continuación se describen los síntomas psicológicos y   manifestaciones más presentes en las víctimas de violencia de género:  

Ansiedad
La violencia  repetida e intermitente, entremezclada con períodos de arrepentimiento y de ternura, suscitan una ansiedad extrema y unas respuestas de alerta y de sobresalto permanentes. La percepción de la amenaza incontrolable a la vida y a la seguridad personal provocan una sensación de temor continuada, dificultades de concentración, irritabilidad y un estado de hipervigilancia. Así mismo, la víctima experimenta trastornos de sueño, pesadillas y pensamientos obsesivos en relación con el matrato y el maltratador.
Depresión, pérdida de autoestima y sentimientos de culpa
Cuando la mujer está inmersa en el círculo de la violencia cree que la conducta de su pareja depende de su propio comportamiento, se siente responsable e intenta una y otra vez cambiar las conductas del maltratador. Sin embargo, cuando observa que sus expectativas fracasan de forma reiterada, desarrolla sentimientos de culpabilidad y fracaso. Además se siente culpable por no ser capaz de romper con la relación y por las conductas que ella realiza para evitar la violencia: mentir, encubrir al agresor, tener contactos sexuales a su pesar, etc.
Aislamiento social
La vergüenza social y los límites que el propio maltratador establece para evitar contactos con la familia y con los amigos, provoca una disminución del refuerzo y de las acciones que lo provocan en general. De este modo, la víctima depende de su pareja como única fuente de refuerzo social y material, quien, a su vez, aumenta progresivamente el control sobre ella. En estas circunstancias, se siente más vulnerable ante la sociedad y se cronifica el miedo a enfrentarse a un futuro que percibe como incierto y peligroso.
Trastornos psicosomáticos
El maltrato crónico provocan en la víctima diferentes tipos de trastornos psicosomáticos, como dolores de cabeza, caída del cabello, pérdida del apetito, ansiedad crónica, fatiga, problemas intestinales, alteraciones menstruales, etc.
Trastornos sexuales
En una situación de violencia es habitual que una mujer pierda todo el interés por el sexo y sienta rechazo hacia las relaciones sexuales. Cuando se producen agresiones sexuales dentro del matrimonio se pueden originar disfunciones sexuales tales como anorgasmia o vaginismo.
Síndrome de la mujer maltratada
Diferentes autores como Walker y Dutton lo definen como una adaptación a la situación aversiva, caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación que generan un cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático (reexperimentación del suceso traumático, huida de las situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación), sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
En el siguiente anuncio de la Campaña contra la Violencia de Género 2011, podemos observar indicadores de dichos trastornos:

Ciclo de la violencia

La decisión de dejar o no una relación de maltrato está relacionada con diversos factores, entre los cuales están los siguientes:
Ø  Las características del maltrato: cuanto más se alarga y más grave es el maltrato menos probabilidades hay de dejar la relación, además de la presencia del miedo, la dependencia, la culpabilidad, la baja autoestima, lo cual hace más difícil abandonarla.

Ø  Los recursos materiales y sociales disponibles: la dependencia económica, la falta de redes sociales, etc.., favorecen la continuidad de la relación y hace más difícil que la víctima abandone al agresor.

Ø  Antecedentes de maltrato en la familia de origen: la exposición a la violencia en la familia de origen de la víctima podría hacer que los niños aprendan a convivir con ella y considerarla un hecho normal y repetir los patrones de conducta observados.

Ø  Las actitudes de las mujeres: la presencia de actitudes y creencias tradicionales sobre el rol femenino hacen a las mujeres más vulnerables a estas situaciones, ya que, pueden llegar a pensar que es normal este comportamiento en las relaciones de pareja.

Ø  La capacidad de asumir la finalización de una relación: cuando la víctima abandona una relación abusiva, la mujer vuelve a asumir el control de su vida y recupera su autoestima, pero también tiene que reconocer el fracaso en la elección de una pareja y esto puede menoscabar su autoconfianza.

Ø  El miedo: cuando las mujeres deciden finalizar una relación de violencia muchas veces entran en la parte más peligrosa de su vida, ya que, en el momento en el que los agresores pueden negarse a perder el control de la situación y empezar a acosarla, realizar conductas de intimidación e, incluso, intentar matarla.
Por otra parte, Leonor Walker (1978) explicaría a través de su TEORÍA DEL CICLO DE LA VIOLENCIA el motivo por el cuál la víctima mantiene la relación con el agresor, describiendo la dinámica que se establece en la relación.
Según su teoría este ciclo comprende tres fases:
Acumulación de la tensión: La tensión es el aumento de los conflictos en la pareja. El agresor se vuelve más susceptible, responde con más agresividad y hostilidad (aunque no lo demuestra con violencia física) y encuentra motivos de conflictos en cada situación. La víctima trata de calmar la situación y evita hacer aquello que cree que disgusta a su pareja (pensando que podrá evitar la futura agresión). La tensión va aumentando y la irritabilidad del agresor también sin motivo comprensible para la víctima. Esta fase se puede dilatar durante varios años.
Explosión de la violencia: Es el resultado de la tensión acumulada en la primera fase. Se pierde toda forma de comunicación y entendimiento, y la violencia, finalmente, explota dando lugar a la agresión. Aparecen las agresiones verbales, psicológicas, físicas, etc. Es, en esta fase, cuando se suelen denunciar las agresiones o cuando se solicita ayuda (al producirse en la víctima lo que se conoce como “crisis emergente”).
“Luna de miel” o arrepentimiento: La tensión y la violencia desaparecen; el agresor se muestra arrepentido por lo que ha hecho, pide disculpas a la víctima y la colma de promesas de cambio. Se le denomina “Luna de miel” porque el agresor vuelve a ser cariñoso y amable como al principio de la relación. A menudo, la víctima le concede otra oportunidad creyendo firmemente en sus promesas. Esta fase dificulta que la víctima ponga fin a esa relación porque, incluso sabiendo que las agresiones pueden repetirse, en este momento ve la “mejor cara” de su agresor y alimenta la esperanza de que podrá hacerle cambiar.
A través de este video de la película "Te doy mis ojos" podemos observar de forma clara el comportamiento del agresor durante estas fases.

Panorama actual de la Violencia de Género

"En Europa, la violencia contra las mujeres es mucho más peligrosa para la mujer que el terrorismo o el cáncer" (American Political Science Review, 2012).



La violencia contra las mujeres es probablemente la violación de los derechos humanos más habitual y que afecta a un mayor número de personas y está basada en la discriminación universal que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo.

Esta violencia producto de una cultura patriarcal que justifica y legitima una relación desigual entre géneros, se ha visibilizado en nuestro país durante los últimos años, y su erradicación ha entrado definitivamente a formar parte de la agenda pública.

En el siguiente enlace podemos ver los datos correspondientes a la Macroencuesta sobre Violencia de Género de 2011 del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad:  http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File/DOC1329745747_macroencuesta2011_principales_resultados-1.pdf 

En él aparecen no sólo los índices de prevalencia de la violencia de género en la mujer y sus hijos e hijas sino también sus consecuencias psicológicas.

Según el informe 2010 de Save the Children: http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/425/Informe-Violencia_de_genero.pdf  la exposición a violencia de género tiene un impacto negativo evidente en la vida, el bienestar y el desarrollo de los niños y de las niñas. Para considerarlos víctimas no es necesario que la sufran directamente. Presenciar la violencia ejercida contra sus madres o el hecho de crecer en un entorno en que la desigualdad entre el hombre y la mujer se expresa de manera violenta, les convierte también en víctimas.



Además en la mayoría de casos se convierten en catalizadores de la denuncia de la madre, a partir de la cual suelen verse involucrados en procedimientos administrativos y eventualmente judiciales que en la mayoría de casos no se encuentran adaptados a sus necesidades.