que lo padecen o lo han padecido.
Ansiedad
La violencia repetida e intermitente, entremezclada con períodos de arrepentimiento y de ternura, suscitan una ansiedad extrema y unas respuestas de alerta y de sobresalto permanentes. La percepción de la amenaza incontrolable a la vida y a la seguridad personal provocan una sensación de temor continuada, dificultades de concentración, irritabilidad y un estado de hipervigilancia. Así mismo, la víctima experimenta trastornos de sueño, pesadillas y pensamientos obsesivos en relación con el matrato y el maltratador.
Depresión, pérdida de autoestima y sentimientos de culpa
Cuando la mujer está inmersa en el círculo de la violencia cree que la conducta de su pareja depende de su propio comportamiento, se siente responsable e intenta una y otra vez cambiar las conductas del maltratador. Sin embargo, cuando observa que sus expectativas fracasan de forma reiterada, desarrolla sentimientos de culpabilidad y fracaso. Además se siente culpable por no ser capaz de romper con la relación y por las conductas que ella realiza para evitar la violencia: mentir, encubrir al agresor, tener contactos sexuales a su pesar, etc.
Aislamiento social
La vergüenza social y los límites que el propio maltratador establece para evitar contactos con la familia y con los amigos, provoca una disminución del refuerzo y de las acciones que lo provocan en general. De este modo, la víctima depende de su pareja como única fuente de refuerzo social y material, quien, a su vez, aumenta progresivamente el control sobre ella. En estas circunstancias, se siente más vulnerable ante la sociedad y se cronifica el miedo a enfrentarse a un futuro que percibe como incierto y peligroso.
Trastornos psicosomáticos
El maltrato crónico provocan en la víctima diferentes tipos de trastornos psicosomáticos, como dolores de cabeza, caída del cabello, pérdida del apetito, ansiedad crónica, fatiga, problemas intestinales, alteraciones menstruales, etc.
Trastornos sexuales
En una situación de violencia es habitual que una mujer pierda todo el interés por el sexo y sienta rechazo hacia las relaciones sexuales. Cuando se producen agresiones sexuales dentro del matrimonio se pueden originar disfunciones sexuales tales como anorgasmia o vaginismo.
Síndrome de la mujer maltratada
Diferentes autores como Walker y Dutton lo definen como una adaptación a la situación aversiva, caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación que generan un cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático (reexperimentación del suceso traumático, huida de las situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación), sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
En el siguiente anuncio de la Campaña contra la Violencia de Género 2011, podemos observar indicadores de dichos trastornos: